Hystoria: lo que viene del futuro (*)

Por Carolina Sanguinetti

El pasado 19 de noviembre Enrique Acuña dictó la última clase del año de su Seminario clínico: Psicoanálisis, sinthoma de la cultura. Oportunidad para retomar el eje que vertebró las clases, en donde la historia de los acontecimientos que propiciaron la recepción del psicoanálisis en la Argentina  -hechos sociales plasmados en la “pragmática” de fundaciones y formaciones- , se entrelazó con la hystoria en tanto marca de un deseo que escande una cronología y se articula a la “vida” como soporte de ese deseo.

Eje condensado en el título del primer punto del programa: “Historia de una palabra hablada”. Que a su vez nos recuerda que, si de psicoanálisis se trata, la lectura de la historia no es al modo de la de los historiadores, sino que orientados por “detalles solitarios” seguimos los restos no pronunciados pero que están en el acto del habla, en la enunciación.

Hystoria del habrá-sido, neologismo lacaniano que implica un tiempo en futuro anterior,  en donde las contingencias del pasado se ordenan en función de lo necesario por venir. “Hystoria es lo que viene del futuro”, dice Enrique Acuña para dar cuenta de ese tiempo de anticipación de un sujeto que obtiene un saber inconsciente  -elucubración de un saber sobre lo real- como resultado del pasaje por la experiencia analítica. Inició la clase comentando un texto que escribió como editorial de la Revista Conceptual N° 17 de reciente aparición, texto cuyo título “Pragmática del deseo (contra-fracaso)”, resulta de lectura necesaria para aquellos interesados en seguir las coordenadas de este seminario debido a la concordancia con la temática aquí planteada, a partir de la articulación entre los cuatro términos relativos a la historia  -que se escribe como hystoria– .

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La clase continuó con el comentario en paralelo de un texto de Lacan y otro de Miller; por un lado el “Prefacio a la edición inglesa del seminario 11” incluido en Otros escritos de Jacques Lacan, y por otro, los primeros capítulos del libro El ultimísimo Lacan de Jacques-Alain Miller. Para introducir el problema de la historia en la experiencia analítica Miller remite a lo real como categoría de lo imposible; y propone que el ultimísimo Lacan no hay que buscarlo en el Seminario 23, sino en un texto contemporáneo, el “Prefacio a la edición inglesa del seminario 11”. Allí Lacan plantea que el inconsciente es el espacio de un lapsus, esp de laps dice jugando con la pronunciación de la palabra. Espacio donde no está el significante, no hay ninguna palabra, se trata de un espacio vacío. Es allí, no en el Seminario 23 donde nada dice de esto, que Lacan introduce al inconsciente real, inconsciente agujero – no significante.

Lacan se encuentra con un problema lógico, un inconsciente que tiene al menos dos significantes -S1 y S2-, inconsciente transferencial; pero también el inconsciente que tiene un agujero que es real, un inconsciente real que no es una cadena significante, sino un Uno. Por ello, entre la verdad de lo inconsciente y lo real como agujero de la verdad, está lo imposible. Es imposible decir la verdad de lo inconsciente porque hay un agujero, un real, al cual sólo se puede alcanzar “erráticamente” dirá Lacan. Salida por el imposible que se opone a la impotencia de la angustia o de la desidia como afecto final que lleva a la interrupción.

A partir de un cuadro Acuña explica este binario donde lo interesante, nos dice, es que la hystoria no está del lado del inconsciente transferencial, sino que está entre los dos campos, en la articulación entre el inconsciente y lo real. Del lado del inconsciente transferencial está la urgencia y la angustia -como la relación que el sujeto tiene al agujero de lo real- lo cual llama a la terapéutica; y del lado del inconsciente real está el tiempo de la prisa que implica la captación de lo real.

La verdad no existe más que como lo verdadero que se alcanza a través de la mentira, una mentirosa verdad dirá Lacan al referirse al pase. Cito: “Por ello designé con el pase esa puesta a prueba de la hystorización del análisis, cuidándome de no imponer este pase a todos, porque no hay todos en este punto, sino dispersos descabalados. Lo dejé a disposición de los que se arriesgan a testimoniar lo mejor posible sobre la mentirosa verdad.”

Respecto de ello, Acuña subraya otro párrafo, donde Lacan hablando de la hystoria refiere: “¿por qué no someter dicha profesión a la prueba de esa verdad con la que sueña la función llamada inconsciente, y con la que hace chanchullos? El espejismo de la verdad, del cual sólo cabe esperar la mentira (lo que cortesmente llamamos resistencia) no tiene otro término más que la satisfacción que marca el final del análisis”. Desarrolla con este párrafo “la satisfacción que marca  el fin del análisis”, lo cual implica que al final lo que hay es una buena articulación de la mentira con la verdad. No es la mentira como estrategia intencional de engañar al otro, sino dejarse engañar por el inconsciente como estrategia para acceder a lo real que está en el síntoma. La satisfacción que hay al final es poner la mentira en lugar de la verdad, calidad de la mentira que roza lo real.

La hystoria, entonces, queda del lado de la mentirosa verdad.

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Miller plantea el movimiento que hace Lacan para poder dar cuenta de la experiencia analítica considerando este inconsciente agujero, en donde se requiere de un artificio que permita ir contabilizando lo que se sabe sobre lo que se desea. En principio es el Sujeto supuesto Saber el que viene a ese lugar de artificio; con la creencia en que el síntoma tiene sentido se produce el desplazamiento de la cadena significante.

En una análisis encender el motor de la hystorización, implica que el sujeto ponga en juego cuál es su deseo de lo que va a venir.

En el texto comentado Lacan emplea el termino hystorización en torno al procedimiento institucional del pase, como puesta a prueba de la hystorización del análisis en su Escuela. Por lo tanto lo hace en relación a la pregunta por la autorización del analista. Lacan plantea que el analista no se autoriza más que a sí mismo en el ámbito de una Escuela. En el “Prefacio” lo dice de este modo: “A ello se debe mi proposición de que el analista no se hystoriza más que por sí mismo: hecho patente. Y aun cuando se haga confirmar por una jerarquía”. Más adelante dice: “nombrar a alguien analista nadie puede hacerlo y Freud no nombró a ninguno. Dar anillos a iniciados no es nombrar”.

Autorizarse/hystorizarse, se trata de la nominación; nominación lacaniana -explica Acuña- que no es dar un nombre simbólico, sino más bien tocar un real.

Al fin de cuentas se verifica que en la historia relativa a hechos sociales o en la hystoria de deseos solitarios no se trata del pasado, sino de la persistencia de referencias como marcas que hacen huella y del futuro en lo que se desea por venir.

 

(*) Reseña de la clase del 19 de noviembre de 2016 del Seminario clínico: Psicoanálisis, sínthoma de la cultura. Dictado por Enrique Acuña en la ciudad de Buenos Aires, en el Centro Cultural Carlos Sánchez Viamonte (Austria 2154).

 

Bibliografía:

  – Acuña, Enrique.”Pragmática del deseo (contra-fracaso) ” en: Revista Conceptual – Estudios de Psicoanálisis N° 17. El ruiseñor del Plata. Ediciones de la Biblioteca Freudiana. Octubre 2016.

 – Lacan, Jacques. “Prefacio a la edición inglesa del seminario 11″. En: Otros escritos. Paidós, 2012.

– Miller, Jacques-Alain. El ultimísimo Lacan – Los cursos psicoanalíticos de Jacques -Alain Miller. Paidós, 2013.

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