Hystoria: lo que viene del futuro (*)

Por Carolina Sanguinetti

El pasado 19 de noviembre Enrique Acuña dictó la última clase del año de su Seminario clínico: Psicoanálisis, sinthoma de la cultura. Oportunidad para retomar el eje que vertebró las clases, en donde la historia de los acontecimientos que propiciaron la recepción del psicoanálisis en la Argentina  -hechos sociales plasmados en la “pragmática” de fundaciones y formaciones- , se entrelazó con la hystoria en tanto marca de un deseo que escande una cronología y se articula a la “vida” como soporte de ese deseo.

Eje condensado en el título del primer punto del programa: “Historia de una palabra hablada”. Que a su vez nos recuerda que, si de psicoanálisis se trata, la lectura de la historia no es al modo de la de los historiadores, sino que orientados por “detalles solitarios” seguimos los restos no pronunciados pero que están en el acto del habla, en la enunciación.

Hystoria del habrá-sido, neologismo lacaniano que implica un tiempo en futuro anterior,  en donde las contingencias del pasado se ordenan en función de lo necesario por venir. “Hystoria es lo que viene del futuro”, dice Enrique Acuña para dar cuenta de ese tiempo de anticipación de un sujeto que obtiene un saber inconsciente  -elucubración de un saber sobre lo real- como resultado del pasaje por la experiencia analítica. Inició la clase comentando un texto que escribió como editorial de la Revista Conceptual N° 17 de reciente aparición, texto cuyo título “Pragmática del deseo (contra-fracaso)”, resulta de lectura necesaria para aquellos interesados en seguir las coordenadas de este seminario debido a la concordancia con la temática aquí planteada, a partir de la articulación entre los cuatro términos relativos a la historia  -que se escribe como hystoria– .

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La clase continuó con el comentario en paralelo de un texto de Lacan y otro de Miller; por un lado el “Prefacio a la edición inglesa del seminario 11” incluido en Otros escritos de Jacques Lacan, y por otro, los primeros capítulos del libro El ultimísimo Lacan de Jacques-Alain Miller. Para introducir el problema de la historia en la experiencia analítica Miller remite a lo real como categoría de lo imposible; y propone que el ultimísimo Lacan no hay que buscarlo en el Seminario 23, sino en un texto contemporáneo, el “Prefacio a la edición inglesa del seminario 11”. Allí Lacan plantea que el inconsciente es el espacio de un lapsus, esp de laps dice jugando con la pronunciación de la palabra. Espacio donde no está el significante, no hay ninguna palabra, se trata de un espacio vacío. Es allí, no en el Seminario 23 donde nada dice de esto, que Lacan introduce al inconsciente real, inconsciente agujero – no significante.

Lacan se encuentra con un problema lógico, un inconsciente que tiene al menos dos significantes -S1 y S2-, inconsciente transferencial; pero también el inconsciente que tiene un agujero que es real, un inconsciente real que no es una cadena significante, sino un Uno. Por ello, entre la verdad de lo inconsciente y lo real como agujero de la verdad, está lo imposible. Es imposible decir la verdad de lo inconsciente porque hay un agujero, un real, al cual sólo se puede alcanzar “erráticamente” dirá Lacan. Salida por el imposible que se opone a la impotencia de la angustia o de la desidia como afecto final que lleva a la interrupción.

A partir de un cuadro Acuña explica este binario donde lo interesante, nos dice, es que la hystoria no está del lado del inconsciente transferencial, sino que está entre los dos campos, en la articulación entre el inconsciente y lo real. Del lado del inconsciente transferencial está la urgencia y la angustia -como la relación que el sujeto tiene al agujero de lo real- lo cual llama a la terapéutica; y del lado del inconsciente real está el tiempo de la prisa que implica la captación de lo real.

La verdad no existe más que como lo verdadero que se alcanza a través de la mentira, una mentirosa verdad dirá Lacan al referirse al pase. Cito: “Por ello designé con el pase esa puesta a prueba de la hystorización del análisis, cuidándome de no imponer este pase a todos, porque no hay todos en este punto, sino dispersos descabalados. Lo dejé a disposición de los que se arriesgan a testimoniar lo mejor posible sobre la mentirosa verdad.”

Respecto de ello, Acuña subraya otro párrafo, donde Lacan hablando de la hystoria refiere: “¿por qué no someter dicha profesión a la prueba de esa verdad con la que sueña la función llamada inconsciente, y con la que hace chanchullos? El espejismo de la verdad, del cual sólo cabe esperar la mentira (lo que cortesmente llamamos resistencia) no tiene otro término más que la satisfacción que marca el final del análisis”. Desarrolla con este párrafo “la satisfacción que marca  el fin del análisis”, lo cual implica que al final lo que hay es una buena articulación de la mentira con la verdad. No es la mentira como estrategia intencional de engañar al otro, sino dejarse engañar por el inconsciente como estrategia para acceder a lo real que está en el síntoma. La satisfacción que hay al final es poner la mentira en lugar de la verdad, calidad de la mentira que roza lo real.

La hystoria, entonces, queda del lado de la mentirosa verdad.

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Miller plantea el movimiento que hace Lacan para poder dar cuenta de la experiencia analítica considerando este inconsciente agujero, en donde se requiere de un artificio que permita ir contabilizando lo que se sabe sobre lo que se desea. En principio es el Sujeto supuesto Saber el que viene a ese lugar de artificio; con la creencia en que el síntoma tiene sentido se produce el desplazamiento de la cadena significante.

En una análisis encender el motor de la hystorización, implica que el sujeto ponga en juego cuál es su deseo de lo que va a venir.

En el texto comentado Lacan emplea el termino hystorización en torno al procedimiento institucional del pase, como puesta a prueba de la hystorización del análisis en su Escuela. Por lo tanto lo hace en relación a la pregunta por la autorización del analista. Lacan plantea que el analista no se autoriza más que a sí mismo en el ámbito de una Escuela. En el “Prefacio” lo dice de este modo: “A ello se debe mi proposición de que el analista no se hystoriza más que por sí mismo: hecho patente. Y aun cuando se haga confirmar por una jerarquía”. Más adelante dice: “nombrar a alguien analista nadie puede hacerlo y Freud no nombró a ninguno. Dar anillos a iniciados no es nombrar”.

Autorizarse/hystorizarse, se trata de la nominación; nominación lacaniana -explica Acuña- que no es dar un nombre simbólico, sino más bien tocar un real.

Al fin de cuentas se verifica que en la historia relativa a hechos sociales o en la hystoria de deseos solitarios no se trata del pasado, sino de la persistencia de referencias como marcas que hacen huella y del futuro en lo que se desea por venir.

 

(*) Reseña de la clase del 19 de noviembre de 2016 del Seminario clínico: Psicoanálisis, sínthoma de la cultura. Dictado por Enrique Acuña en la ciudad de Buenos Aires, en el Centro Cultural Carlos Sánchez Viamonte (Austria 2154).

 

Bibliografía:

  – Acuña, Enrique.”Pragmática del deseo (contra-fracaso) ” en: Revista Conceptual – Estudios de Psicoanálisis N° 17. El ruiseñor del Plata. Ediciones de la Biblioteca Freudiana. Octubre 2016.

 – Lacan, Jacques. “Prefacio a la edición inglesa del seminario 11″. En: Otros escritos. Paidós, 2012.

– Miller, Jacques-Alain. El ultimísimo Lacan – Los cursos psicoanalíticos de Jacques -Alain Miller. Paidós, 2013.

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Comentario de la clase 14 del 5-11-2016

Docentes invitados: Ana Gutiérrez y Germán Schwindt

Por Verónica Ortiz

En 1971 se autoexcluyeron de la APA (Asociación Psicoanalítica Argentina) dos fracciones: el grupo “Plataforma Argentino” y el grupo “Documentos”. En ambos casos, el freudomarxismo representaba la base ideológica de tal acto. Al abordar el freudomarxismo, Acuña propone situarlo en el contexto del psicoanálisis actual. ¿Qué quedó de eso hoy, qué efectos? Ana Gutiérrez y Germán Schwindt fueron invitados a comentar la obra de dos psicoanalistas cuyas acciones intervienen en tal  ruptura: Marie Langer y José Bleger, respectivamente. Para hacerlo se propuso la lectura del libro de Langer Cuestionamos (Plataforma) y del Manifiesto del grupo “Documentos”.

El libro Cuestionamos, de la Colección Izquierda Freudiana[i], es escrito por Marie Langer y otros veintitrés autores. Langer hace la editorial, además de ser la compiladora. El último capítulo se titula “Psicoanálisis y/o revolución social”, y es un trabajo presentado en el XXVII Congreso internacional de Viena en el año 1971.

Miembro fundador de la APA, Langer nace en 1910 en Viena, cursa estudios de medicina y se recibe en 1935. Continúa su formación en la cátedra de psiquiatría de Heinz Hartmann (analizante de Freud, y uno de los creadores en EE.UU. de la psicología del yo). Comienza su análisis didáctico con Richard Sterba, médico psiquiatra, discípulo de Freud y muy cercano a Wilhelm Reich. Prosigue su formación en el Instituto de Psicoanálisis de Viena, donde es entrevistada por la propia Anna Freud. En 1934, el austrofascismo tomó el poder. El Instituto Psicoanalítico en Alemania sufre un proceso de “nivelación”, que implica:

– La renuncia de todos los miembros judíos.

– La prohibición del análisis didáctico.

-La eliminación del nombre de Freud de todos sus textos. Sus libros fueron quemados y estaba prohibida la terminología analítica.

En ese contexto, Langer y su marido emigran primero a la guerra civil española, luego a Uruguay y, finalmente a la Argentina, donde Marie participa de la fundación de la APA y se dedica al psicoanálisis, como didacta de esa institución, durante 19 años. En 1971 dentro del grupo “Plataforma” renuncia y retoma una posición política marxista: “Ya somos muchos –dice- los que llegamos a la conclusión de que psicoanálisis, marxismo y revolución no son excluyentes y perdimos la fobia al mundo de fuera de nuestra institución”.

Hasta ahí, la biografía. ¿Pero qué de la “vida”, en el sentido que Miller le da en Vida de Lacan, de esa matriz deseo/vida que no se confunde con la biografía? ¿Qué pragmática tiene como consecuencia ese deseo que es enigmático para sí mismo, que no es evidente, y la vida en tanto también un enigma? Implica situar lo que Germán García dice en La entrada del psicoanálisis en la Argentina: había en ese momento un “estallido” de la APA como resultado de dos tipos de factores: externos a la institución, pero también internos. Entre los externos, por ejemplo, la agitación social del Cordobazo, la dictadura militar y, en lo que respecta al psicoanálisis, el movimiento lacaniano con Masotta, los grupos de estudio en la facultad y los psicólogos que no podían entrar a la APA. Pero también importan las causas internas.

Luego de la partida de Pichon Rivière, quien funda su propia institución, la autoridad de los didácticos queda cuestionada. Langer, didacta desde la misma fundación de APA, no había finalizado su análisis con Sterba y tampoco había retomado su análisis con otro analista una vez en la Argentina. Se trató de dos modos distintos de resolver el problema de la “autoridad analítica”: el primero como postulante a didacta, la segunda como didacta. Pichon Rivière  rompe con su analista, Ángel Garma, y deja la APA. Langer ve su autoridad cuestionada y abandona la asociación en pos de una militancia política. Este es el estallido desde adentro.

Por otra parte, Acuña señala que la “plataforma” no es otra versión del psicoanálisis, es el marxismo, en tanto modo de organización social. En este sentido, es distinta de la “excomunión” de Jacques Lacan, realizada como un “retorno a Freud”, desde una perspectiva epistémica, aunque haya tenido un alcance político con la propuesta de un distinto modo de organización institucional.

Por su parte, José Bleger (1922-1972) muere al poco tiempo de que aparece el documento “Cuestionamos”. Dos influencias en los inicios de su carrera de psiquiatra son Gregorio Bermann y Konstantín Gavrilov, a través de quien tiene noticias de Pichon-Rivière, que se convertirá en su analista. Junto a Bermann, Bleger, Thénon, Cabral, formaba parte del Círculo de psiquiatras comunistas. El partido regulaba las posiciones teóricas que tenían los médicos en las prácticas que realizaban y proponía como corriente principal el pavlovismo y la reflexología. Sin embargo, años más tarde, Bleger es expulsado del Partido Comunista debido a la publicación del artículo “Psicoanálisis y dialéctica materialista”. En los años ’60, ya instalado como profesor de Psicología de la UBA,  publica en la revista de la APA, en editoriales que no son del P.C.: Eudeba y Paidós. Sus temas: psicohigiene, psicoanálisis, sociedad y marxismo. En 1971 se excluye de la APA como parte del “estallido” al que ya hemos hecho referencia.

Entonces, planteamos cuál es la posición de Hugo Vezzetti en su libro[ii] al ubicar el freudomarxismo con la psiquiatría más que con psicoanálisis. Raúl Sciarretta, un filósofo de izquierda que, vía Althusser, enseñó Lacan a algunos psicólogos. Reivindicar Sciarretta-Althusser-Lacan, es otra vía de lectura de aquella  de Pichon-Rivière-Masotta-Lacan.

En el ejercicio de tensar la lectura de estos hechos hasta extraer de ellos una referencia para el presente, nos preguntamos: ¿En qué ayudó el freudomarxismo para que los analistas de APA, argumentando desde ahí, haga estallar una institución que había tomado carácter de jerarquías como las de, se podría decir, una iglesia? ¿Qué uso hubo de una teoría y una práctica marxista, sin ser militantes del PC necesariamente, para el cuestionamos? ¿Aburridos, se despertaron con el Cordobazo, o usaron el estallido social para introducirlo en una institución agotada en su burocracia? ¿Es el freudomarxismo, solo un ideal de época? Ahora la izquierda lacaniana ¿sirve para hacer estallar una institución o se asimila?

 

Notas

[i] Langer, M. (comp.): Cuestionamos, 1971, plataforma, documento, ruptura con la APA. Y libro de Gregório Franklin Baremblitt y Mimí Langer. Fecha de publicación original: 1 de enero de 1987

[ii] Vezzetti, H.: Psiquiatría, psicoanálisis y cultura comunista. Batallas ideológicas en la guerra fría, Siglo XXI, Bs. As., 2016.

Inconsciente político: El freudo-marxismo en la Argentina y sus consecuencias (Primera clase)

Por Sebastián Ferrante

¿Qué nudos procuramos desatar cuando hablamos del freudo-marxismo en Argentina y sus consecuencias en el psicoanálisis actual?

En la clase del 15 de octubre de 2016 correspondiente al Seminario Clínico “Psicoanálisis, sínthoma de la cultura”, Enrique Acuña realizó una lectura de acontecimientos históricos vinculados con el freudo-marxismo en Argentina. Puntualmente, se refirió a una de las entradas posibles de Freud en Argentina en 1938 vía Béla Szèkely; lector y comentador a su vez de Marx, por un lado, y la publicación del libro Cuestionamos en la APA en 1971 con el gesto de Langer, Bleger, y otros que provoca la explosión de la institución oficial y su dispersión. Dicha lectura fue partiendo de un esquema previo que, retomando una matriz como hipótesis principal que orienta el desarrollo de este seminario, sirve para encuadrar e interpretar los “hechos”.
Del “reconocimiento” al deseo: desanudar
La matriz propuesta por Acuña consiste en pensar la historia, no en su sucesión cronológica sino en captar los acontecimientos como “nudos” que condensan y articulan cuatro términos: deseo, vida, nombre propio y pragmática. Retomando clases anteriores, había explicado la diferencia entre la servidumbre del yo al ideal, que puede visualizarse al comienzo de un recorrido histórico- análogo a un análisis- y que se asocia al deseo de reconocimiento, diferente a “servirse de la cosa”, producto y resto de aquel primer tiempo que invierte la ecuación inicial, derivando en un reconocimiento del deseo del actante. Acuña asocia ese deseo a un nombre propio, y en tanto hay realización efectiva, en “actos que dejan marcas”, la vida deviene en una pragmática. La pragmática es entonces la respuesta a la pregunta: ¿de qué se sirvió?

En este sentido, relatar la historia es “desanudar” estos cuatro términos, siguiendo a Miller en Política Lacaniana: una ética de las consecuencias, para luego extraer de allí principios, esto es rasgos de estructura, repetibles y durables. Siguiendo este esquema, la clase giró en torno de dos acontecimientos.
Freud antes de la APA: Szèkely
Así se refiere en su texto “Béla Szèkely: la excepción judía y el psicoanálisis”. Hubo Freud antes de la APA y estuvo representado entre otros por B.S. Decir “antes” de la APA implica considerar que todo gira en torno de la institución oficial, que se pretende legítima. Legitimidad versus legalidad supone la insistencia de cuál es el “ámbito de la autoridad analítica” y su consecuencia en la “habilitación por la profesión”, que en esa época eran la psiquiatría y la medicina. En tensión con este modelo, Acuña distingue cuatro rasgos de B.S.:
– su relación con el marxismo: su genealogía se compone de una constelación de influencias, donde se cuentan Stekel, Adler, Bernfeld y Wilhem Reich. Este último, referente del primer freudo-marxismo que se terminará inclinando por un programa hacia la sexología (Sex-Pol). En una serie de conferencias que dicta B.Z. en el CLES (Colegio de filósofos), una se titula “Freud con Marx”.
– su idioma, el alemán: proveniente de una Europa en guerra, y por haber leído a Freud en su lengua original, introduce una variante respecto de la lengua inglesa dominante en el psicoanálisis “oficial”, teniendo en cuenta la línea de Jones a su representante Garma.
– su acto fundador: llega en 1938, aprende el castellano, en 1940 dicta unas conferencias y funda el Instituto Sigmund Freud. En esa puesta en acto, en esa apropiación del nombre de Freud, se sitúa su pragmática.

– Laico: el contexto de autoridad en los médicos “apropiándose” del psicoanálisis, empuja a la condición excluyente para “pertenecer”. Béla Szèkely no era médico

En resumen: laico, marxista, vinculado a los filósofos, lee a Freud en alemán y funda. Demasiado exterior al ideal medico que funda A.P.A. en 1942.

Ni (psicoanálisis) –Ni (marxismo): Cuestionamos 

Se sugiere que el prefijo “ismo” (freudismo, lacanismo) resulta más sensible a la práctica ideológica que al psicoanálisis. En efecto, cuando uno utiliza esa expresión puede estar refiriéndose más a un movimiento que porta una ideología, que a la expansión de una enseñanza y la instalación de una política. De las consecuencias que implica ese detalle sintáctico-semántico se puede desprender el segundo acontecimiento “desanudado”: la crisis que se produce en la APA en el año 1971, al separarse dos grupos –Plataforma y Documento-. De esa ruptura, más vinculada a motivos ideológicos que a cambios teóricos, queda como saldo, entre otros aspectos, una publicación con tono de manifiesto: el libro Cuestionamos. Documentos de crítica a la ubicación actual del psicoanálisis, compilado por Marie Langer. Acuña extrae una frase del prólogo que permite su ubicación: “Para que nuestra ciencia sobreviva en la nueva sociedad que se avecina, y para que pueda complementar con su conocimiento psicológico lo creado en otro nivel, esta vez no renunciaremos ni al marxismo ni al psicoanálisis”. En este intento de aunar psicoanálisis e ideología, recordamos que en una clase anterior ubicábamos la pragmática de Marie Langer –la puesta en acto de su deseo- en el exilio y conferencias en Cuba –país comunista- y en una acción social de la psicoanalista que ella era.

Psicoanálisis, realidad y política

¿Es sostenible la posición del “ni-ni”? A modo de respuesta, Acuña termina refiriéndose a una expresión de Masotta –su Presentación de la Escuela Freudiana de Buenos Aires a Lacan- :“¿La bolsa o la vida? No es difícil darse cuenta que si uno elige según su bolsillo, se quedará –de acuerdo con una sorprendente lógica que no es sino la del inconsciente- sin la bolsa y sin la vida”. La cuestión pasa entonces por el concepto de realidad que subyace a la práctica: ¿inconsciente o “social”? ¿Qué es lo social para un analista de la APA? De ello se va a desprender qué tipo de psicoanálisis se instala: si lo que se tiene en cuenta es la realidad del amo inconsciente, la política que se impone será la del deseo. Diferente es homologar el conflicto inconsciente a la lucha de clases –eso es articular Freud con Marx- de lo cual se desprende una práctica más orientada a la militancia.

El sábado 5 de noviembre, continuará el seminario con la segunda clase sobre este tema, donde se comentará el libro Cuestionamos,-varios autores copilado por Marie Langer  junto con el capítulo del libro de Hugo Vezzetti referido a José Bleger.

 

Bibliografía

–       Acuña, Enrique. Resonancia y silencio. Psicoanálisis y otras poéticas. Edulp, La Plata, 2009.

–       García, Germán. La entrada del psicoanálisis en Argentina. 1978

–       Langer, Marie (Compiladora). Cuestionamos. Documentos de crítica a la ubicación actual del psicoanálisis. Granica editor, Buenos Aires, 1971.

 

 

 

Servirse de… (Comentario de la Clase 12 del Seminario: El psicoanálisis, sinthoma de la cultura.)

Por Verónica Ortiz

En la Clase 12 de su Seminario, Enrique Acuña rastreó, comentando el libro El Deseo de Lacan de  J.-A. Miller, las distintas versiones del padre en Freud y Lacan, cuestión que permite pensar la sociedad actual, con su modo de funcionamiento globalizado, con sus guerras  religiosas y sus  consumos cotidianos.Una vez más, la clase comenzó revisando de qué tiempo hablamos en psicoanálisis. La pregunta ¿qué es lo que hace que ese instante del recuerdo dure tanto?, (por ejemplo el “instante” de la mirada de los lobos en el árbol -para el Hombre de los Lobos), nos recuerda que Cronos y Kairós se entrecruzan en ciertos momentos de la vida-deseo. Es la densidad y el espesor de lo vivido: “estamos en la dimensión del tiempo como duración. El concepto de infinito. Es la característica del  goce: un sufrimiento o una satisfacción congelada.”

Un sujeto empieza un análisis con un síntoma, que puede definirse como un desarreglo entre la norma- el Ideal- y el goce en juego. Su “yo” está sirviendo a ese Ideal –“servidumbre del yo” (Freud) que acomoda la imagen al ideal,  con el sufrimiento que esto trae aparejado. El recorrido de un análisis le permitiría pasar de servir al Ideal a “servirse” de él. Desde esa perspectiva un análisis es “utilitario”, implica una pragmática. Miller lo sugiere como un pasaje propio de la experiencia analítica: del servir a “la cosa freudiana” –lo real- a servirse de ella para un deseo de otra cosa.

Un recorrido por El banquete de Platón, en especial por un diálogo entre Sócrates y Alcibíades, permite cernir la transferencia. Un sujeto (Alcibíades) se dirige a otro (Sócrates) porque este otro encierra algo –un objeto agalmático, en la suposición de saber. La maniobra que instala la transferencia consiste en una rectificación que permita salir del imaginario de ese objeto que el analista supuestamente tiene y hacer que el analizante desee apoderarse de eso como algo propio. Es interpelarlo: “¿Soy yo el que está hablando o eres tú el que se está escuchando?  El Otro al que dirigís no soy yo, es tu inconsciente.”

¿El que se sirve de una cosa y la cosa de que se sirve cumplen el mismo fin?, pregunta Sócrates. Pues no.  El analizante “se sirve” del analista en lo que Miller llamó “el error inicial”. Alcibíades se dirige a la Cosa que tiene Sócrates. Él le dice: “no está en mí; está en ti”. Entonces, ¿hay dos Cosas distintas? No. Ambas son la misma Cosa freudiana, en el sentido de que no tienen representación. Es un vacío que se vela con el semblante, dándole una envoltura al agujero.

En la escritura que hace Lacan de la metáfora paterna, la sustitución del Deseo de la Madre por el Nombre-del-Padre (NP//DM) generó el significado del sujeto como falo –una (x). Pero ese significado es cero, lo que Marcel Mauss llamó maná. Una clave a partir de la cual se instaura para alguien una realidad. Esto nos lleva a estudiar las distintas versiones del padre en Freud, según Lacan.

Enrique Acuña sintetiza su explicación del siguiente modo:

 

1-Edipo: norma, prohibición, reducción del goce

EDIPO = DISCURSO AMO

MITO  (S)

            R     goce

2-Tótem y tabú, digo  goce predomina sobre simbolico:

TOTEM Y TABÚ

R    goce

S

3- Moisés, o profeta, medio padre, medio santo.Alguien que se encontró con el deseo de una mujer. Servirse de Moisés como ídolo para ver el agujero humano del deseo.

MOISÉS

S/ I/ R

 

Por último, las “sociedades primitivas”. Hay en este texto de Miller un sorprendente definición de tales sociedades, se podría afirmar que la sociedad japonesa es una sociedad primitiva… y también la nuestra. Las sociedades primitivas son aquellas que no son dominadas por el discurso amo, que se apoyan en los mitos como ideología. Esto lleva a reflexionar sobre el mundo árabe, el mundo indigena, el mundo occidental… A partir de la declinación del Nombre del Padre en nuestra civilización, no aparece ya un significante amo ordenándola sino, más bien, lo que Lacan llamó al final de su enseñanza “enjambre”,  pluralidad de S1. Ya no hay discurso amo, hay mitos. Determinados significantes claves que organizan una sociedad. Pero no es lo mismo que esos significantes sean del orden de lo divino (como en las religiones) que los mitos cotidianos produzcan, por efectos del discurso capitalista, sujetos divididos por el consumo de objetos técnicos. (Sustancias, pret a porter).

Miller afirma que en las sociedades primitivas no existe la misma obligación de “ser uno”. Se refiere al uno comunitario, de la fratria, organizada a partir del mito sagrado. Pero, por si se nos había ocurrido por un momento considerar “mejor” tal organización comunitaria, Enrique Acuña relata un acontecimiento sucedido en Paraguay hace un año a partir del cual una hechicera fue ajusticiada por la comunidad, perdiendo su vida, a partir de tal modo de organización del uno comunitario.

Cierro el comentario con una cita textual: “¿Qué consecuencias extrae un psicoanalista? Como psicoanalistas decimos que siempre ese real –segregado- va a retornar de algún modo. No creemos en la pastoral simbólica. No creemos en el Edipo, ni en las normas, ni en nada. Hay un goce que insiste y por eso hay síntomas, brujas y semblantes”.-

Mujeres en la recepción APA -Marie Langer y Arminda Aberastury-

Por Sebastián Ferrante

Siguiendo con el eje de situar el deseo con la pragmática, tal como lo viene planteando en su Seminario Enrique Acuña –en el sentido de articular vida con  acción-, llegó el turno de las mujeres del psicoanálisis. En esta oportunidad, Gabriela Terré y Verónica Ortiz fueron las docentes invitadas para dar cuenta de la recepción que implica la relación al psicoanálisis de Marie Langer y Arminda Aberastury, respectivamente.

Nombres que indudablemente se ligan a los relatos oficiales de la historia del psicoanálisis en Argentina, sea por su lugar de fundadora de la APA en el caso de la primera, por su destacada labor en el psicoanálisis con niños, en el caso de la segunda. Sin embargo, se trata para nosotros de rastrear en sus actos,  clínica y política, dónde residen las marcas que han dejado, aún sin habérselo propuesto. En seis puntos, destacamos lo más crítico que dejó la última clase del mencionado seminario.
De la historia a la hystoria: la pragmática 

Sobre el vacío que provoca la ausencia de “La” historia del psicoanálisis en Argentina, Enrique Acuña propone ir situando –siguiendo a Miller- la pragmática como saber-hacer, entendida como la posición deseante de algunos nombres propios, en diferentes momentos, respecto del psicoanálisis. En la medida que los hechos fácticos están soportados no por voluntades sino por deseos, ello justifica para nosotros el desplazamiento de la historia a la hystoria. Así, la pregunta por la pragmática de un sujeto tiene que ver con la causa de su deseo, en tanto se sirve de ella. Acuña lo homologa al recorrido de un análisis: mientras que al inicio el yo se hace esclavo y sirve al deseo encarnado en los ideales, al final, y como resultado de la experiencia, se sirve del resto, que opera como causa de su operación.

Respecto de las referidas esta vez, sobrevoló un interrogante que orientó las intervenciones: ¿estuvieron las mujeres cada una en su singularidad,  destinadas al psicoanálisis aplicado y en especial a los niños? Rescatando el desplazamiento sintomático señalado por Eric Laurent (psicoanálisis de niños al psicoanálisis con niños) en un país, al decir de Oscar Masotta, “indefenso” frente al ingreso masivo de modas, Acuña condujo la clase interrogando acerca del saber y hacer de estas dos mujeres.
La lengua inglesa y el kleinismo

Hubo convergencia entre estas dos psicoanalistas, al complementarse (casi en consonancia con un ideal) en 1948 para dar forma a la traducción de El psicoanálisis de niños de Melanie Klein, en la generosidad de Béla Szekely.  Tomando una biografía oficial de la APA, Verónica Ortiz agregó que una de las consecuencias de la inmigración de psicoanalistas a la Argentina, en el contexto de las guerras, fue el desplazamiento de la supremacía de la lengua alemana –Freud- hacia la lengua inglesa –Klein-, condición indispensable de recepción de la teoría kleiniana en nuestro país. Es la politica comandada por Ángel Garma con el visto bueno de Ernst Jones. Esto incide en los años 50  en la formación de “psicólogos clínicos” en la Universidad de La Plata.

 

Psicoanálisis puro / Psicoanálisis aplicado

Acuña señala el malentendido que esta expresión tuvo en los años 50, cuando no se tenía en cuenta lo que Lacan desplegará años más tarde en su “Proposición del 9 de octubre de 1967” –psicoanálisis en intensión y en extensión en el sentido lógico-: aquí se utilizó el término ‘aplicado’ para referirse a la aplicación del psicoanálisis sobre un campo exterior al propio de la neurosis. Tomando esta salvedad, los hechos indican que tanto una –“la negra”- como la otra –Mimí- tuvieron su inclinación a la aplicación del psicoanálisis: la primera abriéndose camino entre pediatras y odontólogos para promover, instalar y difundir el psicoanálisis con niños; la segunda, con sus estudios de tinte sociológico sobre la maternidad, que de alguna forma restringe a una sola, las tres salidas posibles de la feminidad descriptas por Freud. Y si de implicancias institucionales se trata, ambas confluyen en la creación del Departamento de niños y adolescentes en la APA, con el objeto de formar psicoanalistas especialistas en el rubro. No obstante, su pragmática debe buscarse por otro lado.

 

APA, pertenencia y referencia

Gabriela Terré ubicó dos rasgos –devenidos condiciones- de Marie Langer, de los cuales uno (ser médico) le alcanzó para estar entre los fundadores de APA en 1942, mientras que el otro fue indispensable para romper con la misma institución, en 1971: su formación marxista fue clave para el devenir de su práctica, en la medida en que sobre ese rasgo se jugará la realización de su deseo.

Diferente fue vía de ingreso de Aberastury. Como señaló Verónica Ortiz, su pasaporte fue el matrimonio con Pichón Rivière. Su análisis con Garma –alianza transferencial- idealiza el análisis didáctico, y el cortocircuito se da por la negativa de aquél respecto de la transferencia de su esposo, lo que será el principio de la escisión de Pichón y la creación de la Escuela de Psicología Social. La búsqueda de autorización dirigida a su referente Melanie Klein, que parece no agotarse nunca, será por otra parte episodio de apropiación de la inglesa y reconocimiento no reconocido.

 

Obras y efectos (no) deseados

Maternidad y sexo fue uno de los libros más importantes de Marie Langer. Sin embargo, Terré señala que su contribución más significativa fue “el mito del niño asado”, articulado con cuestiones relativas a Eva Perón y la sociedad argentina de ese momento. La verdad (el reverso) de este aporte, Acuña lo vincula con el uso político que se hizo de este mito, en tanto algunos se autorizaron en él para criticar al peronismo.

Por el lado de Arminda, Teoría y técnica del psicoanálisis de niños fue su libro más trascendente. Ortiz señala la influencia de la inglesa en su obra, al mismo tiempo que su diferenciación: “mi técnica tuvo sus raíces en la creada por Melanie Klein para el análisis de niños. Se nutrió de ella durante muchos años. Pero mi propia experiencia me ha permitido hacer una serie de modificaciones que considero trascendentales”. Su innovación técnica será un aggiornamiento basado en entrenamiento para padres, y su aporte teórico –la fase genital previa, entre la oral y la sádica- “robado” por Klein, aunque no reconocida oficialmente.

 

Pragmática y realización del deseo

Acuña distingue en Aberastury una pragmática a tres niveles –clínico (innovación técnica en los niños), epistémico (invención de la “fase genital previa”) y político (influencia en la organización del grupo de Pichón Rivière). En el caso de Langer, como resto de aquellos ideales marxistas, ubica que la realización de su deseo se plasma en su exilio en Cuba –país comunista- con conferencias sobre Freud incluidas.

Y si de “freudomarxismo” se trata, la continuación de la secuencia del seminario se articula con ello, ya que el próximo encuentro, el sábado 1 de octubre, trata sobre la incidencia de estas corrientes de izquierda en el conflicto que desató la escisión en la APA (Plataforma y Documento), tomando como eje de lectura el capítulo 4 “Bleger y la cultura comunista”, del libro Psiquiatría, psicoanálisis y cultura comunista. Batallas ideológicas en la Guerra Fría, de Hugo Vezzetti, junto a otras críticas de la recepción APA y su escisión posterior.-

Próxima clase: Sábado 1 de octubre; “Recepción APA y el freudomarxismo argentino”

 

Vidas que importan – Pichon Rivière y la recepción APA- *

Por Carolina Sanguinetti – Corregido y ampliado por Enrique Acuña

 

En el seminario clínico Psicoanálisis: sínthoma de la cultura, Enrique Acuña continúa el entramado de la recepción del psicoanálisis en la Argentina y su horizonte de expectativa.  ¿Cuáles fueron  las condiciones de posibilidad para la entrada? ¿Quiénes propiciaron o rechazaron esa llegada?

Este movimiento sigue una secuencia que no es lineal. Secuencia más pragmática que cronológica. Incluye escansiones, retroacciones e interpretaciones sobre hechos ya relatados, sucesos “olvidados”, y vidas en tanto deseos que dejaron marcas: Se trata de una pragmática.

Las clases del seminario no siguen la sucesión temporal de los acontecimientos, sino que indican una orientación. En esta oportunidad, Acuña tituló su clase Vidas que importan: Pichon-Rivière y la recepción A.P.A.”, interesante modo de condensar lo que las biografías no cuentan. La lectura crítica de dos capítulos del libro de Germán García La entrada del psicoanálisis en la Argentina – “1942 La Asociación, la Disociación” y “1977 Consumación de Pichon-Rivière”  –  leídos con el sesgo de articular “el deseo y la vida” de un nombre propio; siguiendo a Jacques-Alain Miller en El deseo de Lacan (seminario pronunciado en 1991 en Brasil a diez años de la muerte de Lacan) y Vida de Lacan (2011).

La historia como vida deseante es distinta de la anécdota biográfica. Implica lo no dicho, el enigma de la enunciación y la “vida paralela”, en el sentido de algo que está en dialéctica con un otro y que opera como una alteridad y una referencia superadora. Alusión respecto del género literario en el que se inscribe Plutarco para las vidas de Alejandro y César. En el caso de Lacan se puede seguir una fina línea roja en su retorno a Freud que lo parodia como precedente y a la vez lo supera en su más allá.

Resalta que el deseo es una objeción al deseo del Otro, al cual se dirige en tanto enigma y no es idéntico a su reconocimiento. Lacan retorna a Freud para ir más allá de él en un síntoma que se monta sobre lo imposible de “dar sentido a lo real”. Entre la “angustia de las influencias” (Bloom) y el “fantasma de originalidad”, la salida es por el lado del deseo en tanto huella de algo inédito. La objeción al deseo de Freud  implica que no se identifica totalmente, por eso su estilo es paródico. No intenta remedar, sino decir de lado.

“Vida” en este sentido es lo que efectivamente hizo –pragmática- Lacan con el psicoanálisis, no la vida privada, sino una vida paralela al deseo de Freud. El deseo de Lacan es volver a lo que el post-freudismo había dejado como resto, a la pulsión, al sujeto subvertido y a la enseñanza en la fundación de su Escuela.

Vidas que importan: Pichon-Rivière y la recepción A.P.A. implica situar cierta trayectoria de importación y apropiación de saberes, en modos de organización, instituciones que construyeron el primer edifico del psicoanálisis en la Argentina eligiendo un nombre en particular que en  el contexto institucional de la Asociación Psicoanalítica Argentina  tiene su incidencia.

La historia que escribe Germán García con  su libro La entrada del psicoanálisis en la Argentina  supone un doble movimiento: por un lado,  cuestiona la instalación de un “mito fundacional” por parte de la A.P.A.; y por otro, verificar la herencia previa y las consecuencias de esa fundación. (Psicoanálisis antes de la A.P.A. y después de la A.P.A.).

En la  historia que la A.P.A. se cuenta,  se inocula  un hallazgo – mención en un pie de página de Freud sobre un Congreso de medicina en Buenos Aires donde Germán Greve lo cita. Prueba de la existencia de cierta sensibilidad pública a las ideas del psicoanálisis, que tiran por tierra  la suposición de un momento inaugural, de carácter épico a modo de novela histórica como el  Moisés  de Freud. En función de ello, se reconstruye  el  predominio de las influencias de saberes ( bajo el formato de profesiones como la medicina) sobre el psicoanálisis, y su apropiación.

Entre 1910 y 1940  la apropiación del psicoanálisis estaba circunscripta a la psiquiatría. Figuras como José Ingenieros intentaban aportar un “pensamiento argentino” que acercó la psiquiatría a la criminología.

A partir de los años 40  -con la fundación de la A.P.A. – se produce un deslizamiento hacia la medicina con incidencia sobre el campo de lo Psi, a través del  concepto de medicina  psicosomática.

Hacia los años 50, comienza un predominio  de la influencia de la filosofía  en especial  por las teorizaciones que se hacen en el psicoanálisis (dentro y fuera de la A.P.A.) sobre fenomenología y el existencialismo.

Después de los años 50 predomina la psicología, en principio  de la mano de la psicología social y a partir de los años 80  la universidad con la figura de psicólogo clínico, se apropia de cierto psicoanálisis. Habiendo pasado por la influencia del culturalismo americano y luego producto de operaciones como la de Oscar Masotta que trasciende la filosofía atravesando el campo de la fenomenología y  el existencialismo  hacia el  estructuralismo; con el cual llega al psicoanálisis y capta la inquietud de los psicólogos que no entraban en la institución oficial (A.P.A.).

¿Cuáles fueron  las condiciones de posibilidad que dio la historia Argentina a estos saberes para incorporar al  psicoanálisis?. ¿Cuál fue el modo particular argentino que permitió que el psicoanálisis llegue para quedarse? Dos gestos: mimetismo y simulación.  Operaciones que implican la utilización del otro externo sobre el cual se va a montar el mito de origen.

Acuña  dibuja el complejo de la situación: Confluencia de lo extranjero  – autoridad de Freud y autorizados en él que llegaron entre guerras, y remarca el aspecto de “seducción” del agente local de seducir al otro –europeo-  para ser autorizado en una practica que no se sostiene con garantías universitarias. Este flujo de influencias e importaciones  llevan al mimetismo, “hacerse otro” y a la seducción en términos de Masotta   “simulábamos estar en la posición de habernos apropiado del saber de Lacan”. Creer en esa posición es condición para que se produzca la apropiación.

En la recepción de Freud por la A.P.A.,  la trama de influencias se teje con nombres propios que autorizados más allá del Atlántico encuentran en las condiciones culturales de la Argentina, terreno fértil;  pero al mismo tiempo, escamotean una pre-historia del psicoanálisis en la Argentina,  que justamente es la que conforma su permeabilidad cultural. Nombres que se inscriben en la historia de la asociación: Ángel Garma, Celes Cárcamo, Marie Langer, Enrique Pichon-Rivière  y  Arnaldo Rascovsky. Asociación (A.P.A.) que se funda sobre la base de un ideal que intenta reunir la legalidad (ser médico) con la legitimidad (práctica de cada uno) y en donde la formación del analista pasa a subsumirse al problema del análisis didáctico con aquellas jerarquías que se indican desde la Institución.

Asociación/disociación que luego lleva a Pichon-Rivière movido por un “deseo de reconocimiento”,  y sumido en la tensión entre  influencias y originalidad; a una desafiliación del psicoanálisis y un desplazamiento a lo social. Pichon-Rivière trata el psicoanálisis con la institución de la cual se separa para fundar su propia Escuela (primero de Psiquiatría Social y luego de Psicología Social). Intentando hacer una “critica social” sobre el modo de funcionamiento institucional se desvía hacia la Psicología social.  Creyó que la institución era le psicoanálisis y esto supone confundir el discurso analítico con el grupo que lo soporta. Pichon-Rivière se vuelve un síntoma en tanto excluido de la matriz fundante  (recordamos su teorización del “chivo emisario”, como quien lleva el mensaje de lo que no funciona en un grupo).

Enrique Acuña, subraya que hay un deseo inédito en la auto excomunión de Pichon-Rivière de la A.P.A., sugiriendo la lectura de dos libros de Vicente Zito Lema  Conversaciones con Enrique Pichon-Rivière  -Sobre el arte y la locuraLuz en la selva, así como la entrevista publicada en la  revista  Actualidad Psicológica, dónde  habla de su encuentro con Lacan en 1951. Además de dos libros fundamentales en la obra de  Pichon-Rivière,  El proceso grupal y Teoría del Vínculo  que plantean el invento epistémico y metodológico del ECRO –Esquema Conceptual Referencial Operativo-.

Evocar la historia de Pichon-Rivière (origen, desplazamiento, ruptura) permite trazar su vida-deseo en tanto resuena -de modo no sabido por él – en Oscar Masotta. La “consumación” de Pichon-Rivière es oficiar de polo de atracción, en tanto excluido de la A.P.A., de psicólogos dispersos;  a los cuales luego hábilmente Oscar Masotta los vuelve su auditorio. La extraterritorialidad de Masotta respecto de los centros de psicoanálisis argentino y su formación ecléctica (fenomenología de Sartre  y Merleau-Ponty, la crítica literaria, la incursión en el arte de vanguardia, la lingüística saussureana, las reflexiones sobre los medios de comunicación, la antropología de Lévi-Strauss) lo acercan a Pichon-Rivière. Dice Germán García en su libro: “Es Masotta,  quien retoma el sueño – no la teoría- de Pichon-Rivière: eliminar la condición de la medicina en la formación de los psicoanalistas.”

Resituamos el eje “grupo” diferente a “discurso” o el psicoanálisis no es solo los psicoanalistas: Cuando Masotta  presenta su Escuela (Freudiana de Buenos Aires) a Lacan en París en 1975, sitúa las condiciones de recepción del psicoanálisis en la Argentina “un país sin tradición cultural asentada y una capital sobresofisticada, pero sin defensa contra la entrada masiva de información”, y hace un elogio a Pichon-Rivière. Elogio táctico, operación pragmática, para crear un sistema de influencias para Lacan y autorizarse frente a él a una Escuela Freudiana en Buenos Aires.

En una historia importa entonces,  situar la dirección de los deseos-vidas de los protagonistas: desde dónde venimos y  hacia dónde vamos. Historia orientada que no puede desconocer la táctica, estrategia y política de quien la cuenta: su enunciación.

La próxima clase del seminario, sábado 3 de septiembre, tendrá como tema ” Mujeres en la recepción A.P.A -Marie Langer y Arminda Aberastury-“. Una pregunta ordena la lectura ¿Por qué las mujeres de la A.P.A. parecen destinadas al “psicoanálisis aplicado”?

 

 

* Reseña de la décima clase del seminario clínico  Psicoanálisis: sínthoma de la cultura, dictado por Enrique Acuña en la ciudad  de Buenos Aires – Biblioteca Popular Sánchez Viamonte, Austria 2154.

 

Bibliografía:

Acuña, Enrique. Resonancia y silencio.“Configuraciones poéticas para una melancolía. De Lautreamont a Pizarnik” Edulp.2009.

Balan, Jorge. Cuéntame tu vida . Una biografía colectiva del psicoanálisis argentino. Editorial Planeta. Bs.As. l991

García, Germán. La entrada del Psicoanálisis en la  Argentina. La cronología: Nudos y redes. Editorial catálogos. 2005.

Krieger , Esther Any. (comp) .Fragmentos del la historia del psicoanalisis en la Argentina. Editorial: JVE PSIQUE, 2003

Masotta,Oscar. Ensayos lacanianos.” Comentarios para la Ecole Freudienne de París sobre la Fundación de la Escuela Freudiana de Buenos Aires”.  Anagrama Barcelona. 1976.

Miller, J-A. Seminario El deseo de Lacan. Atuel-Anáfora. 1995.

Miller, J-A. Vida de Lacan. Escrita para la opinión ilustrada. Grama ediciones. Bs.As.2011.

Pichon-Rivière, Enrique.  El proceso grupal. Editorial Nueva Visión
Pichon-Rivière, Enrique. “Pichon-Rivière habla sobre Jacques Lacan” Extractado de la Revista Actualidad Psicológica (Nº 12, diciembre de 1975)

Zito Lema, Vicente. Conversaciones con Enrique Pichon-Rivière: sobre el arte y la locura. Timerman Editores, l976.

Zito Lema , Vicente. Luz en la Selva. la Novela familiar de Enrique Pichon-Rivière. Editorial Metrópoli

 

La biografía y lo imposible de decir: Roudinesco, Jaudel

Por Verónica Ortíz

 

“Preferir su pensamiento, olvidar su persona, era lo que él deseaba que se hiciera (…)”

Jacques-Alain-Miller

Vida de Lacan

 

En ocasión de la novena clase del seminario de Enrique Acuña en Buenos Aires, Psicoanálisis: sinthoma de la cultura, participaron como invitadas Fátima Alemán y Marina de la Fuente; en torno a lecturas de biografías de Jacques Lacan. De La Fuente comentó Lacan: esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento, la conocida biografía de Elizabeth Roudinesco y Alemán se dedicó a hacer un contrapunto de la mano de La leyenda negra de Jacques Lacan. Elizabeth Roudinesco y su método histórico, por Nathalie Jaudel, de reciente aparición.

Enrique Acuña planteo las diferencias desde la cual abordar la historización en psicoanálisis, enmarcando ambas lecturas, y comentó algunos puntos de Lacan envers et contre tous (Roudinesco) y Vida de Lacan (Miller).

¿En qué se diferencian un historiador y un practicante del psicoanálisis cuando hacen historia? En que se la aborda a partir de un saber, que resulta de la experiencia de un análisis: hay lo imposible de decir. Y esto no remite a ninguna impotencia, a ninguna dimisión o cobardía. Es, simplemente, una constatación, el resultado de la reducción de las vivencias dolorosas (experimentadas y fantaseadas) a un resto (el objeto a) circunscripto por la palabra, pero que no está hecho de palabras, sino por el real propio de la experiencia de un análisis. Es así que, en nuestro ámbito, preferimos hablar de hystoria, con la y de histeria.

A partir de lo trabajado en los encuentros anteriores de su seminario 2016, Enrique Acuña nos recuerda cuál es el eje: se trata de leer la historia del psicoanálisis como byografía, a partir de las marcas de los deseos, de los nombres propios y de los actos que rodean lo imposible. Ya no se trata de hacerlo pensando en un comentador objetivo, sino de alguien que se “apropia” de una historia, que lo hace a partir de su propio (inconfeso) deseo, bajo el peso de la llamada “angustia de la influencias” y en un contexto de recepción determinado, delimitado según los horizontes de expectativas. Una apropiación bajo influencias.

Así como Borges afirma que Kafka “crea” sus precursores, así también en el psicoanálisis quien lo cuenta se implica en la escena como sujeto dividido. Hay lo que Acuña llamó una “violencia de la apropiación” en tal proceso, ya que se elije un autor, se lo lee, se lo cita, se lo plagia, se lo parodia, se omite la referencia a su persona… Es decir, cada uno “crea sus propios precursores”. No se escribe, no se hace, no se analiza ex nihilo. Tales artes necesitan de ese otro que nos precede. Pero el propio deseo queda tallado por los modos en que, para cada quien, se produjo esa apropiación. “Cualquiera que hubiera leído el Saint Genet de Sartre podría haber escrito mi libro sobre Arlt. Sin embargo, no todo estaba ahí. Lo que no estaba ahí lo puse yo”, dijo alguna vez Oscar Masotta en ocasión de la presentación de su libro.

Propone ordenar un binario entrecruzado de esta manera:

BIOGRAFÍA (HISTORIA)

Archivo

Hechos

VIDA (DESEO)

Acciones (no dicho)

Persona (Yo) Pensamiento (conceptos, matemas)

Deseo del Otro (que descifre)

Enunciados Enunciación
Anécdotas Ǝ (particular) obscenidad Estructura (universal) discreción

 

La idea de contar, no una biografía sino una “vida” halla su referencia en Vida de Lacan, de Jacques-Alain Miller, quien a su vez se inspiró en las Vidas paralelas de Plutarco a propósito de Alejandro y César. De tal modo, el biógrafo queda, en su tarea, del lado del archivo, de los hechos efectivamente acaecidos, de las anécdotas sobre las personas. Se trata de los enunciados. Por el contrario, quien se aproxima a la historia desde la perspectiva de una “vida”, se interesa no tanto por los dichos de la voluntad de un yo, sino por aquellos actos oblicuos (por ejemplo, fundaciones, escisiones, disoluciones, etc.) que permitan entrever un deseo, ubicar una enunciación.

Ahora bien, tal deseo no es un deseo puro sino uno a descifrar. Y es ahí que entra al ruedo quien reseña, quien comenta, quien redacta una biografía. Tomar un punto y dejar caer otro; resaltar un dicho y silenciar otro; seleccionar, elegir, ignorar, omitir… son actos de apropiación. “El deseo de Lacan no es puro sino articulado a el deseo de quien lo comenta”, nos recuerda Acuña.

La enseñanza en nombre propio pone el deseo quien habla en juego,  mientras que el matema es un intento de transmisión integral que intentan los abordajes objetivos. La enseñanza invita a acercarnos a Jacques Lacan a través de su sistema de “pensamiento” (orden de razones, conceptos y matemas) menos que las anécdotas acerca de su persona.

Marina de la Fuente se abocó a la compleja tarea de relatar los puntos salientes (según su propio deseo, recordemos) del extenso trabajo de Roudinesco. Su amena puntualización resultó una buena ocasión para recordar aquella trama de la que estuvo tejida la pasión de Jacques Lacan por el psicoanálisis. A su vez, Fátima Alemán trazó algunas pinceladas del libro de Jaudel, al que calificó no como una biografía ni tampoco como una contrabiografía.

Enrique Acuña cerró el encuentro haciendo referencia al libro de Roudinesco Lacan, envers et contre tous, con la polémica posición de la autora lindante con el injuria que se judiacializa. Luego comentando la elección de Jacques-Alain Miller en Vida de Lacan de preferir el enigma; la (x) del deseo de Lacan como motor de lecturas. Entre otras, la interesante versión del biógrafo como esclavo, pero esclavo de un amo sobre el cual termina ejerciendo un poder.

Finalmente retomo su libro Resonancia y Silencio donde retoma el problema de la enunciación según Vincent Descombes, quien distingue lo abyecto, lo secreto y lo indecible. No se trataría, a la hora de hacer historia del psicoanálisis, de descubrir un secreto a la manera de la novela; tampoco de la búsqueda de lo abyecto sino, más bien, de verificar en cada caso que es lo  realizable del deseo por el estilo de escritura o de vida de un autor.-

 

Bibliografía

– Borges, J.L.: Otras inquisiciones (1952), “Kafka y sus precursores”, Sudamericana, Bs. As., 2016.

– Miller, J.-A.: Vida de Lacan, Paidós, Bs. As., 2011.

– Roudinesco, E.: Lacan: esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento, [1993, 1era edición en francés; 1994, 1era edición en español], S.L. Fondo de cultura económica de España, 2012.

– Roudinesco, E.: Lacan, envers et contra tout. Ed Seuil; Paris 2011.

– Jaudel, N.: La leyenda negra de Jacques Lacan. Élisabeth Roudinesco y su método histórico, Grama, Bs. As., 2016.

– Acuña, E.: Resonancia y silencio. Psicoanálisis y otras poéticas, “La confesión y el dispositivo analítico. Lo indecible y el secreto”, Edulp, La Plata, 2009.

Influencias y precursores: Masotta con Sartre

Por Sebastián Ferrante

 

En otro capítulo del apartado “herencia Masotta”, Enrique Acuña delineó nuevas vías para aproximarnos a la real dimensión de esta expresión. En el marco de su Seminario Clínico “Psicoanálisis, sinthoma de la cultura”, y contando con Verónica Ortiz como docente invitada, en esta oportunidad su intervención apuntó a desmembrar lo que al concepto de “herencia” concierne, tal como podemos entenderlo en psicoanálisis; ni transmisión ni transferencia de bienes, sino algo más emparentado con la apropiación, como cada autor “crea, inventa y diseña la genealogía de sus  precursores” según la propia “angustia de las influencias”  y los fantasmas de originalidad.

Su intervención fue tejiendo un interrogante que podría expresarse en estos términos: ¿puede pensarse la historia del psicoanálisis, por fuera de la influencia y los precursores? Así, la primera referencia a la que Acuña echó mano es Kafka y sus precursores de Borges. En ese escrito, luego de “reconocer” la idiosincrasia del escritor checo en autores literarios de diferentes épocas, Borges afirma y rescata lo imprescindible de la idea del precursor, contenida ya en el oficio de escritor, despojándola de su connotación polémica o de rivalidad. Sortea así el problema de la originalidad. Afirma: “Si no me equivoco, las heterogéneas piezas que he enumerado se parecen a Kafka; si no me equivoco, no todas se parecen entre sí. Este último hecho es el más significativo. En cada uno de esos textos está la idiosincrasia de Kafka, en grado mayor o menor, pero si Kafka no hubiera escrito, no la percibiríamos; vale decir, no existiría”. Acuña vincula esta tensión entre lo nuevo y lo preexistente con la parodia, en tanto en ella está comprendida, aunque dicho de lado, la idea de precursor.

Otra referencia se vinculó con Harold Bloom y la vinculación entre la angustia de las influencias y el reconocimiento de antecesores. Este autor también considera la inseparabilidad de la historia (en este caso de la poesía) de la vertiente de las influencias poéticas. En La angustia de las influencias afirma: “Pero no se consigue nada sin pagar un precio, y la apropiación implica las inmensas angustias de sentirse deudor, ya que ¿existe algún poeta fuerte que desee darse cuenta de que no ha logrado crearse?”. La cuestión pasa por el hecho de que una apropiación no es un acto voluntario. Así como Borges encontró precursores en Kafka, que se pensaba original, se trata de que hay algo no sabido en la apropiación, y eso puede provocar angustia.

Con estas premisas, y para dar cuenta de la historia como política de recepción, acudió al libro de Germán García Oscar Masotta. Los ecos de un nombre para destacar la importancia de los nombres propios y la dinámica de las operaciones políticas que subyacen. ¿Puede prescindir el discurso analítico de cuerpos que lo soporten? ¿Puede escribirse la historia desechando las parodias, las traducciones, las operaciones de apropiación, las influencias y los precursores? Creemos que no.

Por otra parte, se analiza cómo pueden los recursos de una lengua obstaculizar o favorecer la recepción y territorialidad  o la extra-territorialidad del psicoanálisis. En términos de apropiación, Acuña distingue dos factores: los límites propios de las homofonías de una lengua, pero también las políticas de los países (por caso, una economía neoliberal puede ser más conveniente a la creencias en las psicologías del yo). Sostiene, a propósito de un momento clave del psicoanálisis en España -en función del rol fundante de Oscar Masotta como traductor de Lacan al castellano- que para ser receptivo, el psicoanálisis necesita de una condición previa y necesaria de traducción e interpretación, que se juega en el deseo de un sujeto soportado por su nombre.

 

Por su parte, Verónica Ortiz nos transportó a un periodo –concretamente la década de 1950- de Oscar Masotta, en el cual sus intereses rondaban por la crítica literaria, la filosofía existencialista y la afición política al marxismo. Para ello, comentó críticamente el libro de Hernán Scholten Oscar Masotta y la fenomenología, en el cual el autor intenta aclarar la relación de Masotta con el pensamiento sartreano.

¿Qué influencias tuvo el pensador francés sobre Masotta? Para Scholten, explica Ortiz, el mayor impacto se constata en Conciencia y estructura, donde influido por el psicoanálisis existencial (una especie de psicobiografías de autores, por ejemplo, Baudelaire, Rimbaud) va a “parodiar” al Saint Genet de Sartre, que devendrá su “Roberto Arlt, yo mismo”. Al tratarse de influencias y precursores, Ortiz rescata una frase de Masotta: “Cualquiera que hubiera leído el Saint Genet de Sartre podría haber escrito mi libro sobre Arlt. Sin embargo, no todo estaba ahí. Lo que no estaba ahí lo puse yo”. Al igual que Borges, reconocimiento de influencia, pero se mantiene la originalidad en un mismo acto

Sin embargo, la lectura crítica que realizó Ortiz se basó en explicitar la posición desde la cual escribe el autor: se trata de una tesis doctoral de un psicólogo, validada en el ámbito universitario. Más determinante es su posición como historiador, en tanto intenta construir una historia sustentada en documentos y archivos, es decir, pretendidamente objetiva. Scholten, explica Ortiz, va a descartar cualquier versión de la historia de Masotta que esté “contaminada” de intereses libidinales. Esto ya plantea una diferencia en nuestro modo de entender la historia y las biografías, ya que creemos que el historiador es parte integrante en el relato.

En función de ello, y a propósito de un debate actual sobre la aparición de biografías de Lacan, Acuña plantea un interrogante. ¿Puede la causa del deseo aprehenderse en una biografía, o una autobiografía? Pregunta que apunta a ser develada en los próximos encuentros a partir de la lectura comparada de los textos de  E. Roudinesco y la “vida de Lacan” tal como lo plantea Jacques-Alain Miller.-

 

Bibliografía

  • García, Germán. Oscar Masotta. Los ecos de un nombre. Editorial Atuel, 1990.
  • Borges, Jorge Luis. “Kafka y sus precursores”. En: Otras inquisiciones. 1952
  • Bloom, Harold. La angustia de las influencias. Monte Avila Editores, 1973; 2º edición, 1991.
  • Scholten, Hernán. Oscar Masotta y la fenomenología. Un problema en la historia del psicoanálisis. Eol, 2001

Recepción y expectativa: las marcas del deseo

Verónica Ortiz

 

…teoría de la información: emisor, mensaje, receptor, entropía, etc.

Para Lacan, la cuestión es menos sencilla: todo mensaje supone un emisor.

Pero, en primer lugar: ¿quién emite? Y en segundo lugar, el “sujeto” que emite

¿es el “yo” del discurso? Lacan enseña que no.

Las cosas no son fáciles. Es necesario volver a Freud.

 

Oscar Masotta

Reportaje “Tres preguntas sobre Jacques Lacan”

Revista Los Libros N° 9 (1970)

 

Sigmund Freud lo enseñó: el tiempo en psicoanálisis es retroactivo y este hecho no es sin consecuencias a la hora de pensarlo y practicarlo. En esta oportunidad, al abordar en el seminario de Enrique Acuña nociones tales como “horizonte de expectativas” o “estética de recepción” extraídas de la crítica literaria y de las teorías de los medios de comunicación, verificamos, una vez más, que el tiempo no puede ser pensado únicamente de modo lineal y sucesivo sino que “las contingencias del pasado se ordenan según las necesidades por venir”, en concordancia con el habrá sido del Futuro Anterior de Jacques Lacan. Un tiempo de significación que implique al Otro.

 

Sebastián Ferrante y Gabriela Terre comentaron respectivamente algunos conceptos del filólogo alemán Hans Jauss y el libro Los estudios de recepción en América Latina, de Florencia Saintout, investigadora en Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata.

La clase se ordenó en dos partes: la primera, una revisita al tema del deseo de Freud, Lacan, Masotta. La segunda, una aproximación al papel actual de la tecnología de los medios de comunicación en la recepción de una obra.

“El deseo de Freud, Lacan, Masotta no es la voluntad de un yo”, explica Acuña. Se trata de algo que escapa a aquello que puede ser pensado como la estrategia consciente de alguien. Es más bien, lo que queda por fuera de la retórica del que habla, un silencio que organiza el estilo y la enunciación. Silencio que es marca de la presencia del objeto a. Marca que se precipita, que cae, que resulta en una pragmática. Pragmática –servirse de algo para hacer otra cosa– (1), que implica un estilo cuyo motor es un deseo enigmático.Jacques_Lacan

“El estilo es el hombre, al cual nos dirigimos”, frase de Buffon, humanista del siglo XVI citado por Lacan en la “Obertura” de sus Escritos, constituye el eje del primer desarrollo de la clase. Si el estilo es el hombre, no debemos olvidar el agregado de Lacan: “al cual nos dirigimos”. A partir de la combinación de estas dos frases, Acuña explica el aforismo lacaniano “el mensaje vuelve del Otro en forma invertida”.

Más adelante en el desarrollo, Acuña añadirá que así como el signo-según Pierce- es “algo para alguien” (si hay humo, señal que hay fuego) el mensaje también es algo para alguien. Es así que tenemos “algo” –el Significante del emisor-  para “alguien” –el Otro, el Inconsciente como intérprete. Pero ese “algo” puede ser un equívoco, no se trata en realidad de un signo sino de un significante. De este modo queda introducida la función del Otro del inconsciente. “El emisor emite un mensaje que le vuelve del Otro en forma invertida, según su deseo.”

Volviendo a la “Obertura”, queda aun un tercer paso. De la afirmación que el estilo es el hombre, al cual nos dirigimos, Lacan concluye: el estilo es el objeto (a),  que se pierde. Es decir, lo que queda como enunciación, lo no dicho, aquel vacío que rodea la pulsión en su recorrido y que se capta solo en las marcas de quien habla.

Y, de nuevo, el tiempo;  la “densidad” del tiempo. Aquello que de kairos se distingue de cronos. Aquel tiempo que implica un espesor perdurable, duradero,  que se trasmite en un estilo, que no está en los archivos de la historia objetivada ni de la biografía sino en una perseverancia. Es la densidad propia de la enunciación: como aquella lluvia significante que horada la tierra en “Lituraterre”.

 

En la segunda parte de la clase, con el objetivo de darle respuesta a la pregunta ¿quién produce el sentido, quién monta la significación?, Sebastián Ferrante presenta algunas ideas de Hans Jauss desde el campo de la literatura (2). El filólogo alemán critica al formalismo ruso y a la teoría marxista en tanto ambas ponen excesivo énfasis en la producción de la obra y no en su recepción. Para Jauss la recepción de la obra es un factor imprescindible a la hora de escribir la historia de la literatura. Conceptos tales como “horizonte de expectativas” o “distancia estética” permiten ir perfilando un tiempo paradójico y un lector/receptor activo- que tiene responsabilidad a la hora de la recepción del texto dándole un sentido orientado.

Acuña sostiene que “el problema es la espera de la significación por venir, la historicidad de la obra”. Es decir, si el horizonte de expectativas va hacia adelante cronológicamente o estaba de antes. Porque más allá de las estrategias de propaganda que puedan publicitar a un autor y su obra, puede pasar que nadie lo conozca y, no obstante, tocar fibras del ambiente, del clima de recepción (3).

Al respecto, resulta importante diferenciar este punto de vista del de los medios de comunicación, que suelen leer la recepción únicamente en términos contextuales. Allí donde en el esquema emisor-mensaje-receptor el psicoanálisis ubica un vacío, un sujeto y al Otro del inconsciente, algunas corrientes de la teoría de la comunicación sustituyen este último por el contexto, dando por cerrada la operación, así reducida a un manejo voluntario del yo en un contexto dado.

 

Gabriela Terré desarrolla, por su parte, algunas de las ideas que pueden leerse en el texto de Florencia Saintout. La clave de su teorización es también un receptor activo. Explica que a partir de la crisis de la modernidad, que ubica en los 70, el modelo conductista emisor- mensaje- receptor resultó modificado en varios puntos. Por una parte, la subjetividad misma entra en crisis: ya no se trata del sujeto de la razón y la certeza sino de una subjetividad múltiple, un sujeto que a partir del psicoanálisis, por ejemplo, se presenta dividido. Por otra parte, el emisor ya no es garantía absoluta de verdad. El receptor, activo, reinterpreta el mensaje produciendo una dialéctica que transforma el sentido de la realidad de lo que transmite el emisor. El receptor decide.

 

Acuña cierra entonces la clase con dos aclaraciones sobre el futuro anterior –la significación se decide a posteriori de desmontarla. Citando a Masotta: las relaciones entre literatura y psicoanálisis son complejas porque suponen que “podría descubrir las operaciones del desmontaje general de la significación para poder entrever otro tipo de cosas”. Finalmente hay un ordenamiento:

1) tomando como ejemplo la teoría del rumor –el “se dice”, impersonal- en el que no se sabe quién lo dice, borra al sujeto del deseo;  se trata de establecer cada vez “quién habla”, de situar al sujeto del inconsciente.

2) En esta operación, el shifter resulta de gran utilidad, ya que señala- como los pronombres personales-; es el índice de una posición de enunciación en el enunciado.

3) Y el contenido de la clase queda reordenado a partir de La dirección de la cura: mientras que la interpretación (en este caso de un mensaje, de una obra) es una táctica, la estética de la recepción implicaría una estrategia, es decir, una transferencia (con el autor, con la obra) y el horizonte de expectativa puede pensarse más cerca de una política, de un deseo en juego, a largo plazo y no explicitable sino tal vez deducible a posteriori a partir de sus efectos de pragmática: de que se sirve. Ahí está el “acto fundacional” donde se leen las marcas de los estilos de Freud, Lacan Masotta.

 

 

Bibliografía

(1)-Miller, J.-A.: Seminario El deseo de Lacan. Ed. Atuel-Anáfora, Bs. As. 1997 (Prólogo de Germán García).

(2)-Jauss, H. Historia de la literatura como provocación de la ciencia literaria.

(3)-Bajtin, Mijail: Estética de la creación verbal. Ed. Siglo XXI, Bs. As., 2008.-

(4)-Saintout; Florencia: Los estudios de recepción en América Latina. E.P.C. UNLP, 1998.

(5)-Lacan, Jacques: La dirección de la cura y los principios de su poder.  Escritos II. Bs. As. Ed. Siglo XXI, 1986

6)-Masotta,O. y otros: Futuro anterior (1974-1996). Revista Anamorfosis Nº4. Ed. Catálogos, Bs. As.  1996.

Psicoanálisis vivo

Carolina Sanguinetti

 

¿Qué mantiene vivo al psicoanálisis? ¿Qué le permite su persistencia frente al malestar en la cultura?. Preguntas que quedan resonando luego de la 6° clase del Seminario clínico: “Psicoanálisis,  sínthoma de la cultura” de Enrique Acuña.

Seguimos el camino de las marcas sincrónicas que señalan una lectura de la historia del Psicoanálisis a contrapelo de la sucesión acumulativa de nombres y fechas. Entramado de la  recepción del psicoanálisis en la Argentina que se inscribe  entre fundaciones y los deseos de sujetos particulares –nombres propios-   como emplazamiento. Pero también, historia construida con los restos no pronunciables, coordenadas de una pragmática más vinculada a la política que a la episteme.

Pasamos por la” herencia Masotta”  y  el modo en que a través de la hibridación de los saberes logró dejar su estilo, en tanto marca del objeto causa de su deseo. Estilo que nos reenvía a un resto y a lo inaprensible de su transmisión.

La clase en esta oportunidad giró en torno al comentario de dos escritos, por un lado: De Roma 53 a Roma 67. Psicoanálisis. Razón de un fracaso.de Jacques Lacan; y por otro: El deseo de Lacan  de J.-A. Miller. El  motivo, plantear el problema del fracaso del psicoanálisis ubicando la conexión entre el malestar en la cultura y la lógica interna del discurso analítico. Fracaso no en términos de reverso  del  éxito ni tampoco como homogéneo a un error por corregir, sino más bien como malogro  del significado. Lo que falla es el significado y a la vez en ese “fracaso” sobrevive en el  mismo golpe,  el éxito de la acción enigmática del significante.

Enrique Acuña puso énfasis en rescatar la cuestión de la razón de un fracaso en el primer escrito comentado, indicando que el término  razón aparece ya en  La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud. Es decir, para Lacan incluir a la  razón (lo racional)  es inscribir al psicoanálisis dentro del horizonte de la  ciencia transmisible para todos. Pero al vez en lo que resuena del inconsciente como sujeto de su “resón” particular.  En este sentido, fracaso respecto de la razón.  Lo que fracasa es la posibilidad de  transmitir científicamente el psicoanálisis, dejando un resto fecundo que permite seguir insistiendo en su decir. El deseo de Freud inaugura un pecado original fundante, el deseo de Lacan fracaso exitoso, y el enigma del deseo Masotta.

Si en la historia de las ideas, en la ciencia, el significante se ha transformado en significado, reabsorbido por la cultura, en el psicoanálisis perdura como enigma-deseo. Es  la definición que ya en las primeras clases se daba de la cultura: Conjunto de significados dados por ciencia, arte, religión, que implican una reducción del significante del deseo del Otro; S(A) barrado por la causa de un objeto indecible (a). Pero el significado fracasa en concluir, es decir,  hay malestar en la cultura, si no sus semblantes serían un conjunto de significados exitosos que velarían  el malestar. El psicoanálisis se inserta en la falla del significado  y se sostiene en la acción del significante.

Para hablar de esta persistencia del deseo del analista a partir de los nombres propios Enrique Acuña comentó el libro de Miller El deseo de Lacan, efecto de un seminario dictado  en Brasil a propósito de los 10 años de la muerte de Lacan. Resignificación en ausencia del maestro y a una distancia temporal necesaria como para poder transformarlo  en un Otro  desconocido, incluso extraño, cuyo decir se vuelve enigma que se busca descifrar.

Año 1991, poco antes de la fundación de la Asociación Mundial de Psicoanálisis  (AMP),  es en ese ánimo de fundación que Miller habla del deseo de Lacan, en tanto una política de acciones aplicable al conjunto de los psicoanalistas. El deseo de Lacan se bordea, se captura en su acto fundacional, único, aunque retorne a Freud.

Lacan publica sus Escritos con su ambición de tomar por su reverso el proyecto freudiano, lo que le faltó decir. Tomar el deseo de Freud a partir de una (x),  no de lo que efectivamente dijo sino lo que queda por decir.  Política de la intertextualidad, donde lo que prima es captar el modo en que está operando un conjunto de deseos no dichos en función de un texto. La intertextualidad (enunciación)  deja marcas en el enunciado, por eso  Miller plantea que el deseo de Lacan está inscripto en no hablar de su deseo, sino de hablar del deseo de Otro. Otro que es Freud, pero en tanto deseo de Freud es lo no dicho por él, lo que queda como no esclarecido, aún…

Acuña muestra esta lógica de marcas del estilo. Seguir las huellas del deseo de Lacan nos confronta con las marcas que pueden vislumbrase,  por un lado en las acciones como hechos sociales (fundaciones, disoluciones, etc.) y por otro en el estilo de escritura. Para Miller el deseo de Lacan se lee a partir de la interpretación que hace del deseo de Freud y esto lo conduce a poder hablar luego del deseo del analista.  Es al final del Seminario 11 donde por primera vez Lacan aventura un cierto concepto de ello. Es justamente en el año de ese Seminario (1964)  que  Lacan es excomulgado, sale de una institución y en contragolpe se sostiene en un acto fundador, funda la Escuela Freudiana de París. Un acto social, marca de que con ese acto  algo de ese deseo queda absorbido.

Por otra parte, Miller para dar cuenta del estilo de Lacan se refiere al  género literario  moque – heroic.  Moque -burla- implica parodiar lo heroico.  El parodista es alguien que acompaña un canto que viene primero, el canto lacaniano después del freudiano. Parodiar significa decir de lado, pero decir siempre al costado del dicho primero, Freud en este caso.

Habitualmente se le cuestiona  a Lacan, su modo  críptico,  cerrado y  enigmático de transmitir en los Escritos; lo cual es concerniente al objeto del psicoanálisis y a la práctica misma. El objeto (a), que es el corazón del análisis no se presta al significado, sólo se lo puede bordear. Entonces el recurso paródico -estilo moque-heroic –  es correlativo a la práctica del objeto del psicoanálisis. Es la epopeya que se narra en “El robo del rizo” de Alexander Pope, parodia la epopeya el hecho que el rizo es robado por las musas, vuela lejos de los contrincantes.

Si bien Lacan en los años 70 presagia que el  psicoanálisis puede  desaparecer  frente a la producción de la cultura y el discurso del Amo moderno,  también deja una indicación precisa:  seguir sus Escritos,   escritos como marcas significantes, que a su vez, orientan hacia una estructura de grupo que escape a los dogmas y sea compatible con dejar un resto,  motor del devenir.-

 

 

Bibliografía:

Lacan, J. Escritos 1. Siglo veintiuno editores. Buenos Aires. 1987.

Lacan, J. Otros escritos. “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista”. Paidós. 2012

Lacan, J. Otros escritos. “El psicoanálisis. Razón de un fracaso”. Paidós. Buenos Aires. 2012

Miller, J-A. Seminario El deseo de Lacan. Editorial Atuel. Buenos Aires.

Acuña, Enrique. “Pope, el parodista y su objeto”. En: Versus, entre la clínica y la cultura. Revista de Psicoanálisis N° 1. Junio 2000.

Acuña, Enrique. “El estilo como pecado original –diez decires de Oscar Masotta-“. En Oscar Masotta. El revés de la Trama. Editorial Atuel. 1999.

 

Próxima clase: sábado 2/7 11 hs. Austria 2154-Ciudad de Buenos Aires.